El mes pasado, Justin y Amy Miller colmaron sus autos con tres niños, dos perros, un dragón barbudo y todas las pertenencias que pudieron, y condujeron 2.000 millas desde Wisconsin hasta British Columbia, en Canadá, para dejar atrás los Estados Unidos del presidente Donald Trump.
Los Miller se establecieron en Vancouver Island, su refugio rodeado de paisajes naturales y accesible solo por ferry o avión. Justin comenzó a trabajar en la sala de emergencias del Nanaimo Regional General Hospital, donde se convirtió en uno más de los 20 enfermeros formados en Estados Unidos contratados desde abril.
El temor a Trump, dijeron algunos de los enfermeros, fue la razón por la que se fueron.
“Somos muchos los que pensamos igual”, dijo Justin, quien ahora trabaja codo con codo con otros estadounidenses en Canadá. “No estás atrapado. No tienes que quedarte. A los trabajadores de salud los reciben con los brazos abiertos en todo el mundo”.
Los Miller forman parte de un nuevo y creciente número de enfermeros, doctores y otros trabajadores de salud estadounidenses que se mudan a Canadá, y en particular a British Columbia, donde más de 1.000 enfermeros y enfermeras formados en Estados Unidos han recibido autorización para trabajar desde abril pasado.
Mientras el gobierno de Trump implementa políticas de extrema derecha, cada vez más autoritarias, y reduce el financiamiento para la salud pública, los seguros y la investigación médica, muchos profesionales de enfermería se han sentido atraídos por la política progresista de Canadá, su reputación de país acogedor y su sistema de salud universal.
Además, algunos enfermeros se indignaron el año pasado cuando el gobierno de Trump dijo que reclasificaría la enfermería como un título no profesional, lo que impondría límites federales estrictos a los préstamos que los estudiantes de enfermería podrían recibir.
Canadá está listo para sacar partido de esta situación. Dos de sus provincias más pobladas, Ontario y British Columbia, han simplificado el proceso de obtención de licencias para enfermeros estadounidenses desde que Trump regresó a la Casa Blanca.
British Columbia también lanzó una campaña publicitaria de $5 millones —“aprovechando la oportunidad” creada por el “caos e incertidumbre que ocurren en Estados Unidos”— para contratar enfermeros de California, Oregon y Washington.
Temores hechos realidad
Amy Miller, enfermera practicante, dijo que ella y su esposo estaban decididos a sacar a sus hijos del país porque sentían que el segundo mandato de Trump inevitablemente derivaría en violencia.
Primero, los Miller obtuvieron licencias de enfermería en Nueva Zelanda, pero cuando la búsqueda de empleo tomó demasiado tiempo, cambiaron su plan hacia Canadá.
A Justin le ofrecieron un trabajo en cuestión de semanas.
Amy encontró uno en tres meses.
Así que se mudaron. Y solo unos días después, los Miller observaron con horror desde la distancia cómo sus temores se hacían realidad. Mientras fuerzas federales de inmigración se enfrentaban con manifestantes en Minneapolis el 24 de enero, agentes federales dispararon y mataron a un enfermero de cuidados intensivos, Alex Pretti, cuando filmaba un enfrentamiento y parecía intentar proteger a una mujer que había sido empujada al piso.
El video del asesinato mostró a los agentes fronterizos inmovilizando a Pretti en el suelo antes de confiscarle su pistola oculta, para la cual tenía licencia, y dispararle.
El gobierno de Trump calificó rápidamente a Pretti como un “terrorista doméstico”. Esa acusación fue cuestionada por videos de testigos que circularon en redes sociales y generaron indignación, incluso entre enfermeros y organizaciones de enfermería, algunos de los cuales mencionaron el deber de la profesión de cuidar a las personas vulnerables.
“No quiero decir que era algo esperado, pero por eso estamos aquí”, dijo Amy Miller. “Incluso nuestra hija mayor dijo: ‘Está bien, mamá, porque ya no estamos allá. Aquí estamos seguros’. Ella lo entiende y ni siquiera está en la escuela media”.
Tanto Estados Unidos como Canadá tienen una gran necesidad de enfermeros. Se proyecta que Estados Unidos tendrá un déficit de unos 270.000 enfermeros registrados, además de al menos 120.000 enfermeros practicantes con licencia, para 2028, según estimaciones recientes de la Administración de Recursos y Servicios de Salud (HRSA, por sus siglas en inglés).
En Canadá, las vacantes de empleo en enfermería se triplicaron entre 2018 y 2023, cuando alcanzaron casi 42.000, según un informe reciente del Montreal Economic Institute, un centro de análisis canadiense.
Consultada para comentar, la Casa Blanca señaló que datos del sector muestran que el número de enfermeros con licencia en Estados Unidos aumentó en 2025. Y desestimó los relatos de enfermeros que se mudan a Canadá como “anécdotas de personas con casos graves del síndrome de trastorno por Trump”.
“La fuerza laboral de salud estadounidense es la mejor del mundo y sigue creciendo bajo el presidente Trump”, dijo Blanca Kush Desai, vocera de la Casa. “Las oportunidades de empleo en el sistema de salud estadounidense siguen siendo sólidas, con posibilidades de avance profesional y salarios que superan ampliamente a los de otras naciones desarrolladas”.
“Una sensación de alivio”
No se sabe con precisión cuántos enfermeros estadounidenses se han mudado al norte desde que Trump regresó al cargo, porque algunas provincias canadienses no registran o no publican esas estadísticas.
Desde que el proceso simplificado entró en vigencia en abril de 2025 hasta enero, la provincia de British Columbia, que ha hecho más esfuerzos para contratar estadounidenses, había aprobado las solicitudes de licencia de 1.028 enfermeros formados en Estados Unidos, según el British Columbia College of Nurses and Midwives. En todo 2023 y 2024, solo se habían aprobado 112 y 127 solicitudes de estadounidenses, respectivamente, informó la agencia.
El aumento del interés de enfermeros estadounidenses también fue confirmado por asociaciones de enfermería en Ontario y Alberta, así como por la Canadian Nurses Association a nivel nacional.
Angela Wignall, CEO de Nurses and Nurse Practitioners of British Columbia, dijo que antes los enfermeros estadounidenses se mudaban al norte porque se habían enamorado de Canadá (o de un canadiense). Pero más recientemente, afirmó, ha conocido a enfermeros que temían que la Casa Blanca fomentara la violencia y la vigilancia, en particular contra familias que incluyen parejas del mismo sexo.
“Algunos vivían con miedo al gobierno y compartieron una sensación de alivio al cruzar la frontera”, dijo Wignall. “Como canadiense, es desgarrador. Y también es una alegría darles la bienvenida”.
Vancouver Island, que tiene una población de unas 860.000 personas, ha incorporado a 64 enfermeros formados en Estados Unidos desde abril, incluidos los del Nanaimo Regional, dijo Andrew Leyne, vocero de la autoridad de salud de la isla.
Una de las enfermeras fue Susan Fleishman, una canadiense que se mudó a Estados Unidos cuando era niña y luego trabajó durante 23 años en salas de emergencias antes de dejar el país en noviembre.
Fleishman dijo que la retórica de odio de Trump ha alimentado una división que ha permeado y deteriorado la vida en el país.
“No fue una mudanza fácil; eso es seguro. Pero creo que definitivamente vale la pena”, dijo, ya de regreso en Canadá. “Siento que aquí hay mucha más amabilidad. Y creo que eso hará que me quede”.
Brandy Frye, quien también trabajó durante décadas en salas de emergencias estadounidenses, contó que se mudó a Vancouver Island el año pasado tras esperar a ver si Mark Carney se convertiría en primer ministro de Canadá. El ascenso de Carney fue ampliamente visto como un rechazo al trumpismo.
Mientras tanto, dijo Frye, el hospital de California donde trabajaba había estado eliminando de sus documentos palabras asociadas con diversidad y equidad para complacer al gobierno de Trump. No pudo tolerarlo.
“Lo vi como un paso en contra de todo en lo que creo”, señaló Frye. “Y ya no me sentía parte de ese lugar”.
Como muchos de los enfermeros estadounidenses que se han mudado a Vancouver Island, Frye se sintió atraída por primera vez a la zona gracias a un video viral que estaba destinado al turismo, pero que terminó logrando mucho más.
Hace aproximadamente un año, Tod Maffin, creador de contenido en redes sociales y ex presentador de CBC Radio, invitó a estadounidenses a la ciudad portuaria de Nanaimo para un fin de semana de “infusión” diseñado para compensar el impacto de los aranceles de Trump en la economía local.
Maffin dijo que alrededor de 350 personas asistieron al evento en abril.
“Muchos eran trabajadores de salud que buscaban una ruta de escape”, dijo Maffin. “Estaban allí para apoyar nuestra economía, pero también para explorar Canadá”.
Maffin vio una oportunidad. Reutilizó el sitio web del evento como herramienta de reclutamiento y lanzó una sala de chat en Discord para ayudar a estadounidenses a mudarse.
Maffin dijo que cree que la campaña ayudó a unos 35 trabajadores de salud a mudarse a Vancouver Island. Voluntarios en más de 30 comunidades canadienses han replicado su sitio web para atraer a sus propios enfermeros y doctores estadounidenses.
“Hay comunidades en todo Canadá donde la sala de emergencias cierra por la noche porque falta un enfermero. Así de apretado está el personal”, dijo Maffin.
“Un nuevo enfermero en un pueblo pequeño, o en una ciudad mediana como Nanaimo hace la diferencia”, agregó.
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